
De nombre debieron ponerte dulzura, de apellido fuerte, de segundo único y registrarte como la persona más importante e inocente.
Me gusta perderme entre tus ojitos de la infancia, grandes expectadores de lo que a su alrededor ocurre, siguiendo con júbilo las luces de tu alrededor, o el recorrido de mi voz cuando te canta en la cuna y entre juegos. Pequeño niño, tú eres magia, pues tú detienes el tiempo cada vez que te sostengo, el mundo deja de girar cuando despiertas, porque cada día sol e incluso luna; necesitan contemplar tu divina e infantil hermosura.
Reconoces mi voz y sonríes... me haces feliz, te acuno y coges fuerte mi mano... me haces feliz, tan solo duermes gozando de maravillosos sueños; también me haces feliz.
Nunca dejaré de quererte, y acude siempre a mi cuando lo necesites, no importan los años que pasen y todo lo que ocurra... te adoraré y extenderé mi mano al igual que estos primeros días... mi pequeño y lindo hermano.

