
Me he cortado las alas. Ahora descansan desnudas en el suelo, mientras yo me ahogo en el lago del lamento. Mis manos están manchadas de sangre, y no puedo remediarlo.
Los ángeles me observan desde el cielo, expectantes, algunos hablan, yo no los oigo. Otros guardan silencio, y se preguntan que porqué no subo hasta ellos.
Pero no. Yo ya no puedo volar. Se cerraron las puertas del paraíso, y yo caigo a las llamas sin esfuerzo, sin ganas de luchar. Me pregunto mientras me hundo cómo ha llegado a suceder. Cómo se fue la fuerza y la razón, como he perdido las respuestas, el saber qué hacer a continuación.
No... no hay respuesta. Mis oídos están sordos, tan sólo oyen los latidos que agónicos se van apagando. El corazón desaparece. Se marchó a alguna parte, no lo siento aquí adentro, y no sé por dónde empezar a buscar. No lo encuentro. No sé nada.
Aguarda condenación, espera un poco más vacío de la pena, que poco a poco voy aproximándome a tu encuentro. No te preocupes... que pronto nos veremos.
Me pregunto.. adónde fuiste. Dónde saliste volando... bondad que guardaba en mi regazo.
Deseo retenerte... y la luz me ciega... no puedo ver.

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